¿Arquitectura en la crisis o crisis en la arquitectura?
Arantxa Villar Enero 10th, 2010
Hace unas semanas el conglomerado Dubai World anunció su incapacidad para pagar sus deudas. Posteriormente notificó una reestructuración de sus activos, incluida la inmobiliaria Nakheel, que podría llevarle a vender una parte del holding.
Nakheel Properties ha sido la responsable del proyecto The Palm Islands, un grupo de de tres islas artificiales en la costa del emirato de Dubai, aumentándola en 120 km., y sobre las que se han construido áreas residenciales, comerciales y de entretenimiento.
Islas artificiales en forma de palmera o de mapamundi; rascacielos construidos en una carrera absurda por ser el edificio más alto del mundo… Dubai representa el claro ejemplo de los delirios de grandeza de la arquitectura en los últimos tiempos, que gracias a la expansión crediticia, se ha convertido en objeto de especulación económica y propaganda política. Y los arquitectos no hemos sabido o no hemos podido ponerle freno.
Parte de la crisis que estamos viviendo es debida a que la arquitectura de los últimos años se ha basado, en muchos casos, en conseguir el “más difícil todavía”, y en otros, en construir el símbolo estético y formal de un municipio, gratuidades formales para hacer una “arquitectura-espectáculo”. Y se ha dejado en manos de otros la gestión del suelo y la creación de ciudad, permitiendo así que no existan garantías sobre la calidad e idoneidad de las promociones de viviendas.
Albert Einstein dijo: Sin crisis no hay desafíos y sin desafíos, la vida es una rutina. Por tanto, es ahora cuando los arquitectos tenemos el gran desafío de cambiar el rumbo de la arquitectura, y de recuperar el control en la toma de decisiones de las ciudades. Y para eso, hemos de olvidar la idea de “arquitecto-artista”, e implicarnos en procesos económicos, ya que la arquitectura es casi economía pura, pues desde que comienzas a proyectar una envolvente (fachada), ya estás hablando de un coste de capital. Y digo casi, porque los arquitectos no debemos olvidar que nuestro cliente es doble, por un lado “el que paga” y por otro “el que vive el edificio”, este último relegado a un ultimísimo plano en los últimos años.
Y de nuevo tomando prestada otra frase, en este caso de Hillary Clinton, nunca hay que desaprovechar una buena crisis. Por ello, desde estas líneas me gustaría destacar una serie de oportunidades que se nos presentan actualmente, como son la rehabilitación de edificios y la sostenibilidad aplicada a la arquitectura, nuevos campos tanto de investigación como de inversión.
Sin embargo, y sin olvidar la reciente inauguración del rascacielos Burj Dubai, ¿se es consciente desde los diferentes estamentos, políticos, económicos y del mundo de la construcción, de la necesidad de una reinvención de la actividad arquitectónica?
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Dubai es el mejor ejemplo de esa “arquitectura espectáculo” no apta para todos los bolsillos, por supuesto. Además, hace poco leí que encima esas islas que forman el mapa mundi están dando un montón de problemas, con aguas que no corren y se estancan, dando muchos problemas de olores y posibles inundaciones. Dinero tirado a lo tonto, y más estando en la mala época actual
Beatriz, estoy de acuerdo contigo. Evidentemente, The Palm Islands son, cuanto menos, sostenibles, ya que, deboran energía y recursos para crear articialmente muchos mecanismos (recirculación del agua) que en condiciones normales se deberían producir naturalmente.
Y, como he dicho en el post, una de las oportunidades en los próximos años, es la sostenibilidad formando parte de la estética arquitectónica.
Se puede decir más alto pero no más claro. Me ha encantado la parte en la que dice que el arquitecto debe dejar de ser exclusivamente artísta y convertirse en gestor de un dinero que no es suyo, además.
En mi opinión Dubai es un ejemplo muy extremo de los excesos arquitectónicos de las últimas décadas. Sus proyectos urbanísticos responden al mundo irreal que rodea a todo lo que huele a petrodólares.
Pero estoy de acuerdo contigo en que aquí, en el mundo real, la gestión del suelo debería responder únicamente a intereses urbanísticos, sobre todo si son sostenibles (ahora que está tan de moda esta palabra). Para mí la sostenibilidad implica que los proyectos estén en manos de equipos multidisciplinares y equilibrados donde deberían tener cabida, no sólo ingenieros y arquitectos, también sociólogos, tecnólogos y políticos.
Y, estaría bien, que dentro de esos proyectos todavía pudiésemos disfrutar de iconos urbanos donde la ingeniería y el arte se unieran al servicio del marketing urbano. ¿Qué sería de las ciudades si los arquitectos dejasen de ser artistas?
Jose, en respuesta a lo que comentas, en mi opinión, hasta ahora, a los arquitectos se nos atragantaban expresiones como “retorno de la inversión”, “coste de capital”… y eso ha hecho que “otros” tomaran las riendas de decisiones que nos deberían competer a los arquitectos.
Tamara, en este sentido, lo que digo es que los arquitectos no deben de ser únicamente artistas, sino también gestores, y conocer los procesos económico-financieros. La arquitectura es un arte, pero un arte que se vive, que se construye y que necesita una mayor inversión que la creación de una obra musical o una pintura (en la mayoría de los casos).
Aunque Dubai es un ejemplo extremo, de acuerdo, muchas ciudades españolas se han dejado llevar por la “arquitectura-espectáculo”, olvidándose de potenciar una arquitectura doméstica (residencial) de calidad. Hace dos meses estuve en una comida-coloquio con Alejandro Zaera, en la que exponía que en España era necesaria una “democratización” de la arquitectura, refiriéndose con eso a que la buena arquitectura no sólo ha de estar en edificios-icono, sino también en las viviendas que compra el ciudadano medio.
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: Hace unas semanas el conglomerado Dubai World anunció su incapacidad para pagar sus deudas. Posteriormente notificó una reestructuración de sus activos, incluida la inmobiliaria Nakheel, que podría llevarle a vender una parte…..
El control económico de las obras de gran presupuesto ya se hace desde hace tiempo a través del project manager, es una asistencia técnica vinculada a la propiedad del edificio y que salvaguarda sus intereses; normalmente es un ingeniero industrial o de caminos y, en contadas ocasiones arquitecto. Los arquitectos tenemos aptitudes para asumir ese cargo pero desafortunadamente nos educan para vomitar el proyecto de nuestras vidas. Esto prejudica nuestro abanico de posibilidades de empleo ya que el empresario, y el conjunto de la sociedad, tiene una visión muy concreta y sesgada de lo que es un arquitecto: alguien que es necesario para hacer casitas.
Estoy totalmente de acuerdo con Tamara en que el futuro pasa por los equipos multidisciplinares, no solamente por sostenibilidad, sino por el enriquecimiento de los proyectos. No debemos de dejar de lado que no somos el director de orquesta. Nosotros no podemos frenar ni somos responsables de la especulación, aunque para ello sí tengamos formación (i.e. cualquiera puede ser político). Podemos aconsejar y/o rechazar -si las cuentas te lo permiten- pero no somos tan responsables como apuntas, al fin y al cabo vivimos de ello.
Me da miedo la palabra “democratización” pronunciada por los labios de Zaera, o por cualquier superstar. Aún más si dicen “buena arquitectura”. No sé porqué me vienen a la cabeza los discursos de Chávez. ¿Qué es una buena obra de arquitectura? ¿Una obra que ha cumplido plazos y que se ha ajustado a presupuesto? ¿que funciona? ¿que pasa desapercibida? ¿instalaciones que no dan problemas? ¿que es bella? ¿para quién? ¿Las obras bellas necesariamente cumplen todo lo anterior? Realmente se puede generalizar y pensar que la buena arquitectura está en los edificios emblema? Todos intentamos hacer lo mejor en las obras dentro de nuestras posiblidades, es evidente, pero sospecho que el discurso de Zaera es más marketiniano que democrático.
Totalmente de acuerdo con los yankies en que de las crisis se sale fortalecido, pero, claro, esto es España, y ya sabemos cómo funcionamos.
Un último apunte: el rascacielos es un buen ejemplo de arquitectura sostenible.
Arantxa, ¿porqué no investigas algo sobre el supuesto excedente de vivienda? Aquí tenemos un foro bastante interesado en ello.
Es cierto que la arquitectura es un arte, pero su función más prosaica en lo que se refiere al ciudadano medio no es sólo divertir o gustar, sino ser funcional, teniendo en cuenta la cantidad de dinero (y de esfuerzo) que éste debe invertir en una vivienda. Para mí una vivienda funcional es aquella que ha sido construída con materiales de calidad, con una buena distribución de los espacios y que tenga en cuenta las posibles necesidades de la persona o personas que van a habitar en ella. Por otra parte, un edificio funcional no tiene por qué ser estéticamente deplorable (véase el Ensanche barcelonés). Pero en el fondo supongo que el arquitecto que se dedica a diseñar viviendas (yo no soy arquitecta, pero supongo que los que pueden vivir de diseñar edificios emblemático son los menos) tiene una serie de limitaciones que son difíciles de superar, empezando por los requisitos económicos que le marcan dentro de su propia empresa. ¿Y hasta qué punto está en manos de cada uno tener el control de lo que quiere y puede hacer cuando no puede controlar estos factores?
Laura, Rosa, gracias por vuestros comentarios.
Laura, totalmente de acuerdo en que a los arquitectos nos educan para vomitar el proyecto de nuestras vidas, lo cual perjudica nuestro abanico de posibilidades de empleo, y es a eso a lo que me refiero cuando hablo de la necesidad de abandonar el arquetipo de “arquitecto-artista”.
Al igual, estoy de acuerdo con el trabajo de equipos multidisciplinares, pero para que diferentes perfiles se entiendan, se necesita un lenguaje común. Sin embargo, los arquitectos hemos estado muchos años centrándonos en la parte técnico-artística y “huyendo” del lenguaje “empresarial”, y eso ha provocado que nos hayan cerrado muchas puertas. Todos aceptamos que sin dominar dos idiomas, el desarrollo profesional hoy en día es más reducido, por tanto ¿por qué creemos los arquitectos que con un solo lenguaje nos basta? Y ese segundo lenguaje, al que me refiero, es el que nos podría ayudar, Rosa a negociar ciertas limitaciones que hasta ahora nos parecían factores incontrolables.